Bajo el manto de lluvia que no cesaba de caer sobre nuestras cabezas, miramos hacia el horizonte con el ánimo viviente de seguir adelante. El angosto camino se entrelazaba con la maleza verde acuchillada por esas finas pero violentas gotas de lluvia. Nuestros cuerpos se estremecían nada más dar un paso al frente, pero no dejábamos de caminar. Anduvimos mucho rato de manera incesante, perpetua, casi eterna y frágil. No conocíamos desde hacía días el calor de un tierno sol, ni la caricia del viento matutino, ni el olor del pan recién hecho...nada. Esa palabra [nada] se apoderaba de nuestras almas en pena que con furia y valor recorrían ese vástago camino. Tras un tiempo casi interminable hallamos una torre en lo alto de un monte; estaba iluminada. Era una torre bastante grande pero no pudimos ver nada más concreto ni especial en aquella construcción medieval. Subimos con esfuerzo las escaleras que conducían a ella, pero el viento arremetía contra nosotros como si hubiese sido poseído por una fuerza diabólica que quería impedirnos subir. La aceleración de nuestro respirar se hacía palpable y súbitamente entraríamos en un estado de inconsciencia que nos conduciría terminalmente al desmayo eterno. Los cuerpos fríos, insolentes y bravos de querer entrar a cubierto, de entrar en aquella maldita torre, de dejar ya por fin el ambiente de tempestad y maldad...Se nos saltaban las lágrimas nada más pensar en que deseábamos llegar de una vez ya...Nuestra sangre recorría viva nuestro cuerpo y nos daba fuerzas para ascender...Nuestros pulmones agrandaban su capacidad envueltos odiosamente por una fina capa de escarcha que humedecía nuestra alma... De repente se hizo el silencio. Habíamos entrado ya en susodicha torre.
No supimos encontrar el sentido a aquello, ni tampoco quisimos encontrárselo; pero lo cierto es que nos impactó mucho. La frialdad del escenario acometido nos dejó estupefactos, como si una sombra immersa en el terror y la desdicha hubiese aterrizado allí, en la torre. Nuestros ojos se volvían incrédulos de lo que veíamos, y si nuestros ojos se volvían incrédulos, nuestra mente aún lo estaba más. No sabíamos si desmayarnos o permanecer despiertos y serenos. El horror y el ofuscamiento acometió contra nosotros en forma de canibalismo viviente, en forma de colmillos brillantes que arremetían contra pedazos de carne en semidescomposición, en forma de alas de murciélagos y sangre coagulada en las paredes de piedra. Al fondo de la torre, tras una puerta de madera, salió una figura humana (o eso parecía) que sostenía en una mano un pequeño candelabro. Lo colocó con suavidad encima de una gran mesa, también de madera. No había sillas alrededor, pero pronto aparecieron como por arte de magia. Lo que vislumbrábamos no era normal y deseábamos salir de aquel desgraciado lugar. Pero al echar la vista atrás descubríamos la imperancia y el salvajismo de la meteorología. Estábamos acorralados, y ante todo aquello, sólo pensábamos en morir y resucitar en otro lugar, en el que reinasen las flores y los cielos fuesen siempre azules. Pero no, el horror mandaba allí, y al final nos tuvimos que acostumbrar a él.
Aquella figura espasmódica que apareció tras la puerta nos señaló con el dedo índice, y nos habló en un acento muy raro:
- No sois de por aquí ¿verdad? Bien...hacía mucho tiempo que no venía nadie. Por fin tenemos visita.
- ¿Qué lugar es éste?- dijimos los dos al unísono, como si pensásemos en lo mismo.- ¿Cuándo nos podremos marchar?- Dije yo después. Aquel hombre de esbelta figura contestó entre medio de risas muy poco agradables:
- En lo que debéis de preocuparos ahora és en la cena. Sentáos y disfrutad del festín de sangre y carne fresca que pronto os servirán...
La figura desapareció entre humos por la misma puerta de antes. El crepitar del fuego de la chimenea y los mordiscos temblorosos de los murciélagos nos ponían nerviosos; tan sólo anhelabamos el volver a casa, pero ese pensamiento estaba entonces muy lejos de poder realizarse. La idea de quedarnos allí se hacía cada vez más insoportable...lo único que debíamos hacer era seguir las órdenes de aquel espectro putrefacto que nos había invitado a cenar. Pero.......¿en qué consistiría exactamente esa cena? No pude retener la sensación de querer vomitar, al igual que mi amigo.
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1 comentario:
¡ Que continue ! ¡ que continue!
¡que quiero quedarme a cenar!jaja
¡que coninue! ¡ que continue! (te estoy presionando psicologicamente) juuj ¡que continue!
La Rosa Negra
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