sábado, 22 de diciembre de 2007

Reino del Terror


¡Data cuenta que el infierno avanza!

Skaters venden música y ganan discos de oro.

No hay talento en este juego.

Cazando, cazando la fama...

Publicidad es lo que necesitáis

y eso me hace sentir como si estuviese en...


...El Reino del Terror!


Cualquier cosa cuesta mucho hoy en día

Un individualismo y una vanidad se respira en esta atmósfera.

Entretenimiento para las masas,

pensando que así se salvan, se salvan sus propios traseros!

Las ratas de la sociedad están hundiendo este barco,

Todavía me siento como si estuviese en...


...El Reino del Terror!


¡Date cuenta que el infierno avanza!

Lo deja todo patas arriba.

Cazando, cazando la fama...

Terror! Terror! Terror en cualquier parte! En cualquier parte...!!!

lunes, 10 de diciembre de 2007

El Arte del Ruido (Moments in Love)


Éramos como dos niños descubriendo el sentido y el quid de todo aquel acto de hermosura y placer incontenidos. Su saliva y la mía confluían juntas y la humedad bucal como las primeras horas de una mañana de primavera. Nuestras pieles sensibles a cualquier tacto, a cualquier sensación derrochada, por muy pequeña que fuese...éramos los únicos y los mejores en aquello dentro de nuestro espacio reservado. Confluíamos pequeños y hermosos a cual visión de acritud e indolencia. No hacíamos daño a nadie. Éramos salvajes y amados. Su cuerpo hacía presión contra el mío, y su roce progresivo me excitaba sin pensar, sin dudar en que aquello era sublime, algo indescriptible y apetecible desde tiempos inmemoriales. El roce, caricias de entrepierna que se juntaban en un delta de agua salada, su cueva de pasión penetrada por mí. Sus manos conectaban con mi sexo indolente y quejumbroso de un desear más y más. Nos hacíamos la idea de que éramos inmutables e incambiables. Nos mecíamos en un momento de deseo y placer desmesurados al notarnos húmedos y espasmódicos. Era increíble la maniobrabilidad de su lengua acariciando y degustando un plato que jamás había probado, un sexo masculino en la flor de la vida. Mis ojos eran contemplativos de aquel momento de inconmensurable deleite. Con mis manos agarraba su cabeza y expiraba en ella aquel momento de satisfacción máxima. Con su lengua fue ascendiendo hasta probar mis labios sedientos de su esencia femenina, aquella boca de fresa repartida con la mía. Éramos nata y chocolate. No teníamos cabida de nuestros límites, y emepecé a acariciarle y a agarrarle aquellos senos suyos, turgentes y extremos, agazapados en un cobijo de inocencia que poco a poco iba consumiéndose. Nuestras lenguas no se detenían aunque sus vidas dependiesen de un mero stop. Como pez en el agua nos sentíamos cuando en aquel espacio vacío nuestros gemidos insolentes acrecentaban la vida de la sala. La perfección de aquel momento de fatiga sexual sólo se vio superado cuando al terminar oí que ella decía un te quiero. No sabíamos nada más, nuestras vidas empezaban a fluir.