sábado, 29 de septiembre de 2007
LO QUE YO DARÍA POR SER ESA LUNA QUE TE ILUMINARA POR LA CALLEJUELA
A estas alturas lo que fue, fue. Y lo que no fue, no fue. Si nos movemos dentro de estos parámetros tan sencillos y simplistas, caeremos indudablemente en la decepción agridulce...Dulce porque habremos deseado que aquello que fue y deseábamos que fuese, existió. Y por ello estaremos contentos. Y agrio porque aquello que no fue y hubiésemos deseado que fuese, no existió. Por lo tanto, habremos caído en la decepción. Esas bocas llenas de moho que oigo que se lamentan de lo que no pasó...si alguien las pudiese hacer callar! En cambio, esas bocas de fresa que oigo que se alegran emotivamente de lo que pasó...si alguien las hiciese perdurar! Pero no, como es imposible eternizar algo, nos conformamos y nos vamos adentrando en la amargura costumbrista. El costumbrismo es adorable, ¡oh sí, es fabuloso!, porque nos gusta aquello que nos es fácil y cómodo y nos gusta no movernos de esos parámetros sencillos y simplistas (como antes he dicho por ahí arriba...). Pero en cuanto giramos nuestras cabezas y nos topamos con la diosa Fortuna...ah amigo! de todo puede pasar. "Uuuu por Coco Chanel qué miedo" diría un pijoteras ensimismado en su costumbrismo de etiquetas fashion. "Joer macho, estaba mejor entre el praliné" diría el gordo vendedor de chocolate. Y ahí nos vemos indudablemente nosotros también, entre ese conformismo y esas ganas de vencer. Pocos son los que, a pesar de sus pesares, responden a la diosa Fortuna y se entremezclan con la oscuridad de la existencia. Por eso, es inevitable a veces oír de bocas equivocadas lo que aquella frase en francés decía...: C'est la vie!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)